Artesanado
La antiquísima economía del Valle del Hérault se desarrolló en torno a su agricultura, basada en la típica trinidad mediterránea “vid, trigo y olivos”, y junto a la cría de ovejas y cabras, se fundamentaba también en una amplia gama de oficios. Pocos de ellos han sobrevivido hasta hoy.La abundante fuente de agua que aportan los ríos Hérault y Verdus favoreció la construcción de molinos, que con su fuerza motriz molían el grano y la corteza de las encinas, utilizada en los curtidos. También servían para tornear la madera, para fabricar cuñas y mangos de herramientas, o para prensar fibras de lana y convertirlas en fieltro. En el siglo XVIII, los utilizaron tanto las destilerías que extraían aceites de tomillo, lavanda y romero, como los molinos de aceite de oliva y en las conservas de olivas, las fábricas de jabón e incluso en la manufactura de bolas de petanca biseladas a base de raíz de boj.
La producción de verdet (verdigris o acetato de cobre, para prevenir el hongo mildiu de la vid) se realizaba en los sótanos de las viviendas, donde se mantenían húmedas pequeñas planchas de cobre para que se oxidaran y se produjera así el preciado verdet. La cría de gusanos de seda se llevaba a cabo en las buhardillas de las casas, mientras los cristales de ácido tartárico se recolectaban rascando las paredes de las cubas de vino.
Todos estos oficios y actividades familiares han desaparecido. Sin embargo, pervive uno que ha recuperado su auge gracias al interés que suscita nuestro patrimonio en la población local, la sociedad y la industria turística. Este es el oficio de la alfarería, que se practica especialmente en Saint-Jean-de-Fos.
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