Pueblos de los viñedos del llano
Saint-André-de-Sangonis
Citada en el siglo X como posesión de la abadía de Aniane, la futura población de Saint-André-de-Sangonis parece hallarse bajo la autoridad de los monjes de Gellone en Saint-Guilhem-le-Désert desde 1031 y está dotada de una iglesia parroquial antes de 1140.
En el siglo XIII, el obispo de Lodève pasa a ser el nuevo señor de estos lugares y procede a la edificación de un castro episcopal citado en 1270, que autoriza el control de las vías de comunicación de Clermont l’Hérault a Montpeyroux y de Montpellier a Lodève.
Pese a este glorioso pasado medieval que caracteriza el pueblo, los acontecimientos de los siglos XVI, XVII y XVIII han sacudido con fuerza la construcción original del castro así como su topografía. A finales del siglo XVIII, los imponentes fosos que circundaban el pueblo fortificado fueron sepultadas en toda su longitud. Las poblaciones del pueblo se desarrollan rápidamente y una plaza decorada con una fuente crea el vínculo entre el recinto primitivo y el arrabal ("barry" en occitano).
Este fenómeno se propaga durante todo el transcurso del siglo XIX, cuando la construcción en el exterior de los muros alcanzará una proporción muy importante según la localización de las nuevas rutas y de la estación. El Ayuntamiento de Saint-André-de-Sangonis, característico de la arquitectura de este tipo de edificios en la zona durante el siglo XIX, es una bellísima construcción en piedra calcárea tallada de 1848. A semejanza de los monumentos que se pueden observar en Saint-Pargoire, o según el modelo de Pézenas, estos edificios cumplen varias funciones: ayuntamiento, plaza comercial y escuela.
Al reunir las funciones públicas, económicas y educativas, son un símbolo del nuevo centro urbano. En el municipio de Saint-André-de-Sangonis, la gran cantidad de casas o aglomeraciones aisladas atestigua una ocupación medieval densa, un período importante de cultivo y desbroce de las tierras. El dominio de Cambous ("Cambonis", campo fértil) es una muestra evidente de este pasado.
Se trata de un lugar con una ocupación muy remota que perduró toda la Edad Media y todavía habitado en el siglo XIX. Estas aldeas, prácticamente en su totalidad deshabitadas en nuestros días, son los testigos del dinamismo agrícola del Valle del Hérault en estos tiempos antiguos.
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En el siglo XIII, el obispo de Lodève pasa a ser el nuevo señor de estos lugares y procede a la edificación de un castro episcopal citado en 1270, que autoriza el control de las vías de comunicación de Clermont l’Hérault a Montpeyroux y de Montpellier a Lodève.Pese a este glorioso pasado medieval que caracteriza el pueblo, los acontecimientos de los siglos XVI, XVII y XVIII han sacudido con fuerza la construcción original del castro así como su topografía. A finales del siglo XVIII, los imponentes fosos que circundaban el pueblo fortificado fueron sepultadas en toda su longitud. Las poblaciones del pueblo se desarrollan rápidamente y una plaza decorada con una fuente crea el vínculo entre el recinto primitivo y el arrabal ("barry" en occitano).
Este fenómeno se propaga durante todo el transcurso del siglo XIX, cuando la construcción en el exterior de los muros alcanzará una proporción muy importante según la localización de las nuevas rutas y de la estación. El Ayuntamiento de Saint-André-de-Sangonis, característico de la arquitectura de este tipo de edificios en la zona durante el siglo XIX, es una bellísima construcción en piedra calcárea tallada de 1848. A semejanza de los monumentos que se pueden observar en Saint-Pargoire, o según el modelo de Pézenas, estos edificios cumplen varias funciones: ayuntamiento, plaza comercial y escuela.Al reunir las funciones públicas, económicas y educativas, son un símbolo del nuevo centro urbano. En el municipio de Saint-André-de-Sangonis, la gran cantidad de casas o aglomeraciones aisladas atestigua una ocupación medieval densa, un período importante de cultivo y desbroce de las tierras. El dominio de Cambous ("Cambonis", campo fértil) es una muestra evidente de este pasado.
Se trata de un lugar con una ocupación muy remota que perduró toda la Edad Media y todavía habitado en el siglo XIX. Estas aldeas, prácticamente en su totalidad deshabitadas en nuestros días, son los testigos del dinamismo agrícola del Valle del Hérault en estos tiempos antiguos.
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